20041009

ANÁLISIS DE VISIÓN UNIVERSITARIA DEL SABADO 09-10-2004

Damos inicio al programa de hoy, con una ligera reflexión sobre una gran virtud del ser humano, nos referiremos a la prudencia.

La prudencia es una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en el discernimiento y el saber distinguir lo que es bueno o malo, para procurar su seguimiento o apartarnos de las tentaciones.

En la vida surgen multiplicidad de circunstancias que nos someten a pruebas de comportamiento, que nos invitan a actuar con sensatez, con cautela, cuando sabemos valorar nuestra propia vida, la vida de los semejantes y, en línea general las cosas que debemos mantener como paradigmas de nuestro horizonte.

El ser humano debe tener conciencia plena de los peligros que le acechan en la cotidianidad, generalmente imprevistos e inconvenientes para un bien vivir. A los cuales debemos anticiparnos sin que cunda la alarma o el pánico, con un propósito impostergable de orientar un legítimo instinto de conservación.

La moderación, la ecuanimidad, un justo equilibrio son valiosos elementos legados por los grandes pensadores de todos los tiempos, fundamentalmente los filósofos antiguos, para quines cultivar la prudencia era un sano ejercicio de sabiduría como intuición muy natural.

El reconocer en forma reflexiva cuando debemos hablar y cuando callar, cuando obrar y cuando destruir, cuando actuar y cuando abstenernos de cualquier acto humano, es de seres prudentes.

Debemos tener siempre presente la obligación de reflexionar sobre las graves consecuencias que derivan de una acción imprudente, cuando desafiamos los mapas de una realidad. Generar indiscreciones y chismes como cultura negadora de los valores humanos, prestándole atención a la maledicencia, a los rumores que permanentemente circulan acerca de personas e instituciones, sin detenernos a averiguar si hay certeza o fundamentación en los mismos, es incurrir en practicas malsanas. Debemos siempre pensar antes de actuar. Debemos ser precavidos, sensatos, cuidadosos, responsables, moderados, reflexivos, cautelosos, más aun en tiempos tormentosos, donde debe imperar una sana convivencia, inspirada en solidaridad militante.

Recordemos con Séneca, palabras de sana prudencia:

“ El que es prudente es moderado; el que es moderado es constante; el que es constante es imperturbable; el que es imperturbable vive sin tristeza; el que vive sin tristeza es feliz; luego el prudente es feliz”

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