20070627

Fotos correspondientes al Programa grabado con el Dr. Carlos Moros Puentes el miércoles 20 de junio del presente año




20070616

CONTRASTES

Iván Danilo Chacón L

Estamos viviendo una situación de contrastes tan llamativos de cultura de la vida y, de cultura de la muerte, de abundancia, manirrotismo, y de miseria, y negación, de libertad y de miedo, de sometimiento, que urge apelar a la fraternidad como tabla de salvación en estos mares procelosos. Todavía se cree en la fraternidad como el rayo de esperanza en una sociedad que busca solución a sus anhelos, a sus angustias, y, vemos a la fraternidad como la única vía, que hoy tiene fuerza de convocatoria.

Resulta imposible crecer espiritualmente en un individualismo cerrado. Mucho más en un relativismo, y permisividad que quema por igual el trigo y la cizaña. La vida existencial exige vivirla en comunidad, crecer con los demás, apoyarse unos a otros y brindar mi apoyo a los que están junto a mí. Es una vida compartida, solidaria, comunicada y comunitaria.

Amigas y amigos, pensemos que vivimos un mundo que padece de vértigo, un mundo donde proliferan tantas necedades e insensateces, de tantas acciones irreflexivas, de tantas influencias sin fundamento, no sólo es necesaria sino urgente la posesión de una sabiduría auténtica, profunda y eficaz. No de una pseudo-sabiduría que sólo confunde más, de una sabiduría solamente humana, sino de la Sabiduría que viene de Dios. Aquella que orienta, que ilumina, que dirige por el buen camino la existencia. Aquella que nos asiste en los momentos de confusión y de duda, en los momentos en los que nuestra mente puede llegar a entorpecerse por los embates de la vida. La Sabiduría, que se nutre de templanza para soportar adversidades, derrotas, maledicencia, odios, pequeñeces, lo subalterno, la medianía, la mediocridad, que pulula en la cotidianidad citadina.

En un mundo que golpea tanto, en el que nos encontramos rodeados de tantas felonías, de tantas ambiciones, de tanta soberbia. En un mundo donde salir lastimado es cosa ordinaria, no sólo es necesario sino urgente el estar lleno de fortaleza. No de fuerza bruta, avasalladora, generadora de violencia, de destrucción, de división y fractura. Tampoco fortaleza entendida como dureza de corazón, como insensibilidad, como indiferencia.

La fortaleza que hoy necesitamos es aquella que nos permite permanecer de pie en medio de las tormentas, en medio de las pruebas, en medio de las dificultades, en medio de las tentaciones. La que nos permite poder seguir pensando con claridad y actuar con acierto, aún cuando las cosas se torne difícil. Y esta fortaleza solamente Dios la da, porque solamente Dios la tiene, como invocación de las virtudes morales que coreamos en las clases universitarias, con la fuerza espiritual de una juventud no contaminada.

En un mundo de guerras, de envidias, de avaricia, de feroz competencia. En un mundo de tanto vacío existencial, de tanta superficialidad, de tanta vanidad, es fácil llenarse de ansiedad y de angustia, es fácil sentirse solo y abatido, es fácil perder la calma: es fácil no tener paz. Pero la paz, a diferencia de lo que muchos creen no significa solamente ausencia de guerra. La paz es una experiencia interior que me hace vivir en armonía, en sintonía, en comunión conmigo mismo, con Dios, con los demás y con la naturaleza. La paz, ante todo, es un don, y es un don divino; y, la paz solamente Dios lo tiene, solamente Dios lo da, con infinita largueza.

El objetivo de todos los hombres debe ser la paz. La paz sólo se puede conseguir si hay justicia. Una guerra de agresión será siempre injusta, pero cuando uno es atacado injustamente, puede legítimamente defenderse. Sería, entonces, una guerra justa. Sólo existirá una guerra justa cuando lo sea su causa y se hayan agotado todos los demás medios de solucionar pacíficamente el conflicto.

El fin no justifica los, medios. Este principio es de moral natural. Seguirlo facilitará grandemente la convivencia entre los hombres.

Que las dificultades que te toca vivir no sean obstáculo a tu amor y generosidad, sino un fuerte desafío. No te canses de servir, no calles la verdad, supera tus temores, sé consciente de tus propios límites personales. Tienes que ser fuerte y valiente, lúcido y perseverante en este largo camino. No hay edades para la lucha, recordemos al gran Arturo Uslar Pietri, en su decir profundo: “No se es viejo, ni se es joven, se vive…”No te dejes seducir por la violencia y las mil razones que aparentan justificarla. Se equivoca el que dice que pasando por ella se logrará la justicia y la paz.

BOLÍVAR Y WASHINGTON. ( I )

IVÁN DANILO CHACÓN LABRADOR.

A manera de corolario, se demuestra en la historia que los héroes, siempre tienen sus detractores, o filibusteros, al tiempo de admiradores, y cantores o loadores.

Con demasiada frecuencia, en estos tiempos calamitosos, de vientos huracanados, de crisis, generadores de debates, diatribas, y choques de ideas, pero proclives igual para la reflexión, se presenta en el debate una frase que aparentemente luce correcta, pero que en particular yo no entiendo bien: «En política, cualquier idea es respetable siempre que no se quiera imponerla por la violencia».

No creo que, que en la libre discusión de ideas y pensamientos, todas las ideas sean, en principio, respetables, porque muchas de ellas, decretan, proclaman, se convierten inexorablemente en violencia. Las violencias mortales, destructoras, degradantes, antes de transformarse en «acto» han sido, muchas veces, ideas terribles, desmanes en «potencia». Y esas ideas, aunque broten libremente de la libertad de la voluntad, en la deliberación de la razón humana, o formula distintiva humana que hace que nuestro cerebro piense, serán inevitables, per se, pero ya en su origen han dejado de ,ser respetables.

Vale la pregunta, de cómo se calificarían los actos violentos nacidos de los ciegos fanatismos religiosos o políticos, o de la arrebatada pasión, la deformación intelectual o la pérdida, aunque sea pasajera, del buen juicio. Creo que ahí no estarán las ideas; solo oscuros impulsos biológicos que nublan la mente, subiendo del pozo insondable del hombre, al que ya se refería San Agustín cuando hablaba de la bestia que yace «allá abajo» de nuestro ser.

La libertad, su ejercicio no implica de ninguna manera el uso irracional, vale decir, el derecho alocado de decir o hacer cualquier cosa. Sabemos que los hechos históricos, tienen la etiqueta con demasiada frecuencia de condiciones de orden económico y social, político y cultural, urgidas para un equilibrado, y justo ejercicio de la libertad. Las lamentables situaciones de ceguera y de pasiones bajas, gravan la vida moral, ubicando a fuertes y débiles en victimas de tentaciones borrachas de injusticia.

Pero no es a este asunto al que me quiero referir en este ligero esbozo, ni tampoco al viejo hecho de que la escritura de la historia ha estado siempre más o menos sometida a ser embutida como una salchicha política, sino a que la salchichería de la historia aleja con su mismo adjetivo la idea de que lo que vende sean salchichas, y afirma que garantiza el único producto serio y digno, con lo que los historiadores de siempre no pueden competir lógicamente, porque su producto queda devaluado de antemano.

La liberación de nuestros pueblos, tienen un claro icono identificatorio, que se deriva de sus protagonistas, y compañeros de gesta.

Bolívar y Washington, dos hombres, que sin lugar a dudas, representan lo más notable del tiempo libertario, en una visión de guerra y política de buen estilo.

Bolívar, tiene un renombre afincado en el ruido de las armas, y, como faro irradiante de ideas y luces, cuyos destellos permiten ver la caída, y huída de espectros de tiranía.

Washington, no está vinculado a gestas guerreras, sino una obra que lo distingue como autor feliz y de buen juicio. Como filósofo antes que como general.

Tienen estos dos héroes una clara identidad de fines, vinculados a la libertad, a la liberación de nuestros pueblos, y la lucha incansable por establecer en ellos el sistema democrático.

Bolívar y Washington, se nos grafican para la posteridad en mapas mentales de extraordinarios ciudadanos, ciudadanos de bien, de justicia, de solidaridad, de templanza, de fortaleza, de buen hacer y buen decir.

Se presentan en sus escenarios, uno con holgura para ver coronar su obra independentista, y el otro con multiplicidad de adversidades, dificultades a granel, que tuvo que vencer en su tránsito guerrero. Muchas épocas de la hazaña libertaria de Bolívar, no contó con recursos, ni donde buscarlos, sólo estaba impregnado de su ferviente patriotismo. Su fe, su creatividad, su imaginación, su inspiración y su sabiduría para hacer posible, lo imposible.

Los americanos de Washington, eran aun antes de la emancipación británica, ricos, pudientes, cultivados en el saber, que hacían posible otros Washington, para llenar un supuesto caso de ausencia. Tenía a su lado preclaros ciudadanos, Franklin, Jefferson o Madisson, de sabia y profunda asesoría. Pero igualmente obediencia, disciplina, contribuyendo cada uno con su fuerza, en la sumatoria de esfuerzos

Nuestro Bolívar, junto a su genio inconmensurable, su estrategia militar, su fuerza espiritual, necesitó de mucha paciencia para soportar la paciencia, para persuadir sus huestes patriotas, conjurados en reiteradas manifestaciones en su contra, y lo peor contra la independencia. Combatir, a las fuerzas realistas, vencer, y ser vencido. Y vencer, y sufrir por causa de la perfidia de sus oficiales.

Estos dos colosos de la libertad, aun con sus rasgos personalísimos, fundaron repúblicas. Washington, la mayor nación del globo terráqueo, con sus sucesores, estudiosos, políticos- en el buen sentido del término-, filósofos, científicos, técnicos, inventores, nunca se conjuraron para destruir la madre patria. Nuestro Bolívar, padeció el ver disminuida su grande obra, su unidad, su fortaleza inicial, si no destruida en su totalidad, opacada en su radiante luz libertaria. Recordemos las acciones de conjura de su oficialidad, de sus subalternos, y “compañeros” de gesta heroica, para destruir la Gran Colombia, y, cual festín de Baltasar, tomar para sí la mejor presa.

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