20070616

BOLÍVAR Y WASHINGTON. ( I )

IVÁN DANILO CHACÓN LABRADOR.

A manera de corolario, se demuestra en la historia que los héroes, siempre tienen sus detractores, o filibusteros, al tiempo de admiradores, y cantores o loadores.

Con demasiada frecuencia, en estos tiempos calamitosos, de vientos huracanados, de crisis, generadores de debates, diatribas, y choques de ideas, pero proclives igual para la reflexión, se presenta en el debate una frase que aparentemente luce correcta, pero que en particular yo no entiendo bien: «En política, cualquier idea es respetable siempre que no se quiera imponerla por la violencia».

No creo que, que en la libre discusión de ideas y pensamientos, todas las ideas sean, en principio, respetables, porque muchas de ellas, decretan, proclaman, se convierten inexorablemente en violencia. Las violencias mortales, destructoras, degradantes, antes de transformarse en «acto» han sido, muchas veces, ideas terribles, desmanes en «potencia». Y esas ideas, aunque broten libremente de la libertad de la voluntad, en la deliberación de la razón humana, o formula distintiva humana que hace que nuestro cerebro piense, serán inevitables, per se, pero ya en su origen han dejado de ,ser respetables.

Vale la pregunta, de cómo se calificarían los actos violentos nacidos de los ciegos fanatismos religiosos o políticos, o de la arrebatada pasión, la deformación intelectual o la pérdida, aunque sea pasajera, del buen juicio. Creo que ahí no estarán las ideas; solo oscuros impulsos biológicos que nublan la mente, subiendo del pozo insondable del hombre, al que ya se refería San Agustín cuando hablaba de la bestia que yace «allá abajo» de nuestro ser.

La libertad, su ejercicio no implica de ninguna manera el uso irracional, vale decir, el derecho alocado de decir o hacer cualquier cosa. Sabemos que los hechos históricos, tienen la etiqueta con demasiada frecuencia de condiciones de orden económico y social, político y cultural, urgidas para un equilibrado, y justo ejercicio de la libertad. Las lamentables situaciones de ceguera y de pasiones bajas, gravan la vida moral, ubicando a fuertes y débiles en victimas de tentaciones borrachas de injusticia.

Pero no es a este asunto al que me quiero referir en este ligero esbozo, ni tampoco al viejo hecho de que la escritura de la historia ha estado siempre más o menos sometida a ser embutida como una salchicha política, sino a que la salchichería de la historia aleja con su mismo adjetivo la idea de que lo que vende sean salchichas, y afirma que garantiza el único producto serio y digno, con lo que los historiadores de siempre no pueden competir lógicamente, porque su producto queda devaluado de antemano.

La liberación de nuestros pueblos, tienen un claro icono identificatorio, que se deriva de sus protagonistas, y compañeros de gesta.

Bolívar y Washington, dos hombres, que sin lugar a dudas, representan lo más notable del tiempo libertario, en una visión de guerra y política de buen estilo.

Bolívar, tiene un renombre afincado en el ruido de las armas, y, como faro irradiante de ideas y luces, cuyos destellos permiten ver la caída, y huída de espectros de tiranía.

Washington, no está vinculado a gestas guerreras, sino una obra que lo distingue como autor feliz y de buen juicio. Como filósofo antes que como general.

Tienen estos dos héroes una clara identidad de fines, vinculados a la libertad, a la liberación de nuestros pueblos, y la lucha incansable por establecer en ellos el sistema democrático.

Bolívar y Washington, se nos grafican para la posteridad en mapas mentales de extraordinarios ciudadanos, ciudadanos de bien, de justicia, de solidaridad, de templanza, de fortaleza, de buen hacer y buen decir.

Se presentan en sus escenarios, uno con holgura para ver coronar su obra independentista, y el otro con multiplicidad de adversidades, dificultades a granel, que tuvo que vencer en su tránsito guerrero. Muchas épocas de la hazaña libertaria de Bolívar, no contó con recursos, ni donde buscarlos, sólo estaba impregnado de su ferviente patriotismo. Su fe, su creatividad, su imaginación, su inspiración y su sabiduría para hacer posible, lo imposible.

Los americanos de Washington, eran aun antes de la emancipación británica, ricos, pudientes, cultivados en el saber, que hacían posible otros Washington, para llenar un supuesto caso de ausencia. Tenía a su lado preclaros ciudadanos, Franklin, Jefferson o Madisson, de sabia y profunda asesoría. Pero igualmente obediencia, disciplina, contribuyendo cada uno con su fuerza, en la sumatoria de esfuerzos

Nuestro Bolívar, junto a su genio inconmensurable, su estrategia militar, su fuerza espiritual, necesitó de mucha paciencia para soportar la paciencia, para persuadir sus huestes patriotas, conjurados en reiteradas manifestaciones en su contra, y lo peor contra la independencia. Combatir, a las fuerzas realistas, vencer, y ser vencido. Y vencer, y sufrir por causa de la perfidia de sus oficiales.

Estos dos colosos de la libertad, aun con sus rasgos personalísimos, fundaron repúblicas. Washington, la mayor nación del globo terráqueo, con sus sucesores, estudiosos, políticos- en el buen sentido del término-, filósofos, científicos, técnicos, inventores, nunca se conjuraron para destruir la madre patria. Nuestro Bolívar, padeció el ver disminuida su grande obra, su unidad, su fortaleza inicial, si no destruida en su totalidad, opacada en su radiante luz libertaria. Recordemos las acciones de conjura de su oficialidad, de sus subalternos, y “compañeros” de gesta heroica, para destruir la Gran Colombia, y, cual festín de Baltasar, tomar para sí la mejor presa.

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