20070616

CONTRASTES

Iván Danilo Chacón L

Estamos viviendo una situación de contrastes tan llamativos de cultura de la vida y, de cultura de la muerte, de abundancia, manirrotismo, y de miseria, y negación, de libertad y de miedo, de sometimiento, que urge apelar a la fraternidad como tabla de salvación en estos mares procelosos. Todavía se cree en la fraternidad como el rayo de esperanza en una sociedad que busca solución a sus anhelos, a sus angustias, y, vemos a la fraternidad como la única vía, que hoy tiene fuerza de convocatoria.

Resulta imposible crecer espiritualmente en un individualismo cerrado. Mucho más en un relativismo, y permisividad que quema por igual el trigo y la cizaña. La vida existencial exige vivirla en comunidad, crecer con los demás, apoyarse unos a otros y brindar mi apoyo a los que están junto a mí. Es una vida compartida, solidaria, comunicada y comunitaria.

Amigas y amigos, pensemos que vivimos un mundo que padece de vértigo, un mundo donde proliferan tantas necedades e insensateces, de tantas acciones irreflexivas, de tantas influencias sin fundamento, no sólo es necesaria sino urgente la posesión de una sabiduría auténtica, profunda y eficaz. No de una pseudo-sabiduría que sólo confunde más, de una sabiduría solamente humana, sino de la Sabiduría que viene de Dios. Aquella que orienta, que ilumina, que dirige por el buen camino la existencia. Aquella que nos asiste en los momentos de confusión y de duda, en los momentos en los que nuestra mente puede llegar a entorpecerse por los embates de la vida. La Sabiduría, que se nutre de templanza para soportar adversidades, derrotas, maledicencia, odios, pequeñeces, lo subalterno, la medianía, la mediocridad, que pulula en la cotidianidad citadina.

En un mundo que golpea tanto, en el que nos encontramos rodeados de tantas felonías, de tantas ambiciones, de tanta soberbia. En un mundo donde salir lastimado es cosa ordinaria, no sólo es necesario sino urgente el estar lleno de fortaleza. No de fuerza bruta, avasalladora, generadora de violencia, de destrucción, de división y fractura. Tampoco fortaleza entendida como dureza de corazón, como insensibilidad, como indiferencia.

La fortaleza que hoy necesitamos es aquella que nos permite permanecer de pie en medio de las tormentas, en medio de las pruebas, en medio de las dificultades, en medio de las tentaciones. La que nos permite poder seguir pensando con claridad y actuar con acierto, aún cuando las cosas se torne difícil. Y esta fortaleza solamente Dios la da, porque solamente Dios la tiene, como invocación de las virtudes morales que coreamos en las clases universitarias, con la fuerza espiritual de una juventud no contaminada.

En un mundo de guerras, de envidias, de avaricia, de feroz competencia. En un mundo de tanto vacío existencial, de tanta superficialidad, de tanta vanidad, es fácil llenarse de ansiedad y de angustia, es fácil sentirse solo y abatido, es fácil perder la calma: es fácil no tener paz. Pero la paz, a diferencia de lo que muchos creen no significa solamente ausencia de guerra. La paz es una experiencia interior que me hace vivir en armonía, en sintonía, en comunión conmigo mismo, con Dios, con los demás y con la naturaleza. La paz, ante todo, es un don, y es un don divino; y, la paz solamente Dios lo tiene, solamente Dios lo da, con infinita largueza.

El objetivo de todos los hombres debe ser la paz. La paz sólo se puede conseguir si hay justicia. Una guerra de agresión será siempre injusta, pero cuando uno es atacado injustamente, puede legítimamente defenderse. Sería, entonces, una guerra justa. Sólo existirá una guerra justa cuando lo sea su causa y se hayan agotado todos los demás medios de solucionar pacíficamente el conflicto.

El fin no justifica los, medios. Este principio es de moral natural. Seguirlo facilitará grandemente la convivencia entre los hombres.

Que las dificultades que te toca vivir no sean obstáculo a tu amor y generosidad, sino un fuerte desafío. No te canses de servir, no calles la verdad, supera tus temores, sé consciente de tus propios límites personales. Tienes que ser fuerte y valiente, lúcido y perseverante en este largo camino. No hay edades para la lucha, recordemos al gran Arturo Uslar Pietri, en su decir profundo: “No se es viejo, ni se es joven, se vive…”No te dejes seducir por la violencia y las mil razones que aparentan justificarla. Se equivoca el que dice que pasando por ella se logrará la justicia y la paz.

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